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2015: un año político inolvidable

Politica

El futuro presidente deberá relegitimarse todos los días

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Foto: Manuel Yomal

Por Gerardo Yomal

Pasadas las 18:00 del 25 de octubre último, la pantalla de C5N anunciaba que Scioli ganaba la elección superando por amplio margen a Macri. La presentadora del mismo canal llegó a decir incluso que Scioli era el nuevo presidente. El jefe de gabinete sciolista, Alberto Pérez, descontaba que Aníbal Fernández ya era el nuevo gobernador de la provincia de Buenos Aires. La dirigencia del PRO sabía que María Eugenia Vidal hacía una buena elección pero nunca imaginaron un triunfo por cinco puntos sobre el candidato del FPV. Néstor Pitrola, del Partido Obrero, reconoció que “no vio venir” el batacazo de Cambiemos. La mayoría de los encuestadores fracasaron en sus pronósticos. A buena parte del periodismo le pasó lo mismo. En ese sentido, el periodista Eduardo Blaustein, en forma sincera y valiente, señala que “lo primero es la autocrítica del que escribe y sobre el rol del periodismo que se supone sabe leer los climas sociales…”

 

La ola amarilla superó expectativas de propios y ajenos. Claro que el partido que históricamente está afincado en los sectores más humildes y populares la vio pasar. Y una ignota y con poquísimo trabajo político en la provincia de Buenos Aires, se llevaba el bocado mayor. María Eugenia Vidal derrotaba al peronismo en su bastión histórico, después de 26 años de un PJ invicto. Los politólogos y periodistas buscaban títulos para presentar “la hazaña”: “la bella le ganó a la bestia”, “Heidi contra los Soprano”, “la monjita que madrugó a la morsa…”

 

En la peluquería está la justa

El periodista Andrés Fidanza muestra cómo parte de la población expresaba lo que el peronismo no supo ni quiso registrar:

“Diez vecinos anticiparon el triunfo de María Eugenia Vidal en una peluquería antigua en la localidad Villa Bosch de Tres de Febrero. La revelación llegó al anochecer, dos semanas antes de las elecciones. Y en contra de lo pronosticado por las encuestas. El grupo presente en esa barbería de butacas marrones y luz de tubo sobre los espejos era bastante heterogéneo: había un kioskero, un carnicero de cincuenta y pico, y una médica del hospital público Bocalandro que, por miedo a que la asaltaran, se tomaba un remís diario para hacer las ocho cuadras que separan su casa del trabajo. Los había convocado Julio, un peluquero veterano y puntero informal de Cambiemos en sus horas extras. Sin demasiados puntos en común más que su vivencia conurbana, los diez vecinos enumeraron padeceres, prejuicios y reclamos ante el entonces candidato a intendente, Diego Valenzuela.

— Si ustedes se tuvieran que ir de viaje por un trabajo o alguna urgencia, ¿a quién dejarían a cargo a sus hijos: a María Eugenia o a Aníbal? Con ojo entrenado para decodificar los gestos de sus entrevistados, Valenzuela leyó entonces la reacción de esos diez hombres y mujeres sin voto decidido. ‘Cuando mencionaba a Aníbal las caras eran de susto. Ahí supe que María Eugenia podía ganar’, explica Valenzuela, quien terminó ganándole a Curto, intendente de Tres de Febrero, por más de 13 puntos.”

Los temas de la seguridad, las drogas y la vida cotidiana habían calado hondo. Al margen de las amplificaciones y deformaciones mediáticas, la preocupación popular estaba en la realidad de todos los días y la candidata de Cambiemos fue el vehículo que tuvo a mano la población para mostrar su descontento.


Termómetro roto

Lo sorpresivo del resultado electoral de octubre deberá hacer poner las barbas en remojo al peronismo y también a otras fuerzas políticas. El que no está en “el territorio” y no conoce las carencias y los sentimientos populares, mejor que se dedique a otra cosa. No poder registrar los humores de la gente implica que la dirigencia política se lleve su principal materia a marzo. El bloguero y tuitero peronista, oficialista, @ContradictoOK, afirma que “lo que estuvo en duda en los últimos meses fue el nivel de contacto con la realidad del gobierno. Estamos ante la lección más significativa que nos deja el baldazo de agua helada del pasado domingo 25 de octubre”.

El oficialismo no pudo ver lo que tenía frente a sus propios ojos.

La derrota en la provincia de Buenos Aires es un mazazo que ha golpeado al peronismo pero que también alecciona a las otras fuerzas. Nadie tiene la vaca atada. Y hay que tratar de atarla bien, todos los días, porque en cualquier momento se escapa.

Sea Scioli o Macri el futuro presidente, cualquier gobierno deberá tener una brújula cotidiana que le permita auscultar los humores y las necesidades populares. Sino, habría que preguntarle a Dilma Roussef sobre las dificultades de gobernar cuando la mayoría de los brasileros le baja el pulgar a pocos meses de haber sido elegida democráticamente. En Chile, también poco después de jurar para un segundo período, Michelle Bachelet enfrentó una serie de fuertes resistencias a sus planes de reforma y se vio obligada a cambiar medio gabinete, mientras su imagen pública se desplomaba.

Cuando asuma el próximo presidente en nuestro país, ni Scioli ni Macri contarán con un gran enamoramiento popular.

En ese sentido el politólogo José Natanson interpreta que “la perspectiva resulta útil para entender el contexto en el que asumirá el nuevo gobierno. Como los conductores de televisión, que ya no esperan el rating al final del programa sino que lo siguen en vivo a través del minuto a minuto, el próximo presidente deberá relegitimarse no ya cada dos años sino todos los días.”

Aníbal Fernández había afirmado que le ganaba la elección a María Eugenia Vidal “caminando…”

Paradójica imagen: o caminás e interpretás las necesidades populares o los votos te pasan por encima.

Este año 2015 justamente dejará una marca difícil de borrar en todos aquellos políticos que quieran representar a su gente.

*Fuente La Tecl@ Eñe

 

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